Saltar al contenido

Asociación católica · Algete, Madrid

Hijos amados, restaurados y enviados desde el corazón del Padre

Acompañamos procesos de sanación interior para que cada persona redescubra su identidad de hijo amado, sea restaurada en Cristo y enviada por el Espíritu Santo.

San Pablo Healing Center es una asociación católica dedicada a acompañar procesos de sanación interior para que cada persona pueda redescubrir su identidad de hijo amado, sea restaurada en Cristo y enviada por el Espíritu Santo como instrumento de su amor al mundo.

Inspirados por la llamada de San Pablo a transformarnos mediante la renovación de la mente (Rm 12, 2), creemos que la verdadera restauración comienza cuando nuestra mirada es renovada y el corazón vuelve a abrirse al amor del Padre.

Escultura de una figura encogida sobre sí misma

01

Un mundo herido

Vivimos en un mundo profundamente herido. Muchas personas caminan por la vida como huérfanas, cargando heridas que afectan a su identidad y a su manera de relacionarse con Dios, consigo mismas y con los demás.

San Pablo Healing Center nace como un lugar de acogida y acompañamiento, donde cada historia puede ser iluminada, transformada y restaurada a la luz del Evangelio.

Camino en un bosque con luz entre los árboles

02

Un ministerio que acompaña

San Pablo Healing Center es un lugar donde las personas pueden caminar acompañadas.

Porque hay procesos que no pueden vivirse solos: caminos que atraviesan la propia historia, con sus heridas, búsquedas y deseos, y que necesitan ser acogidos, sostenidos y acompañados con cuidado.

Aquí encuentran formación, oración y un ministerio que acompaña en este camino.

El camino

Tres puertas para empezar

Quiénes somos

Dios nunca se cansa de restaurar el corazón humano.

Cuando la herida es acogida, la mente renovada y el corazón se abre a la gracia, la vida comienza a transformarse desde dentro. La sanación comienza cuando el corazón vuelve a descubrir que somos Hijos.

Conócenos
Habéis recibido un Espíritu de hijos adoptivos que nos hace clamar: ¡Abba, Padre!
Romanos 8, 15